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miércoles, enero 28, 2026
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Bonds y Clemens son inmortales, aunque no vayan a Cooperstown

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Yancen Pujols

El hecho de que Barry Bonds y Roger Clemens estén fuera del Salón de la Fama de Cooperstown raya en lo absurdo, una tozudez colosal de un grupo que ha impuesto su criterio por encima de todo.

Una pena.

Claro está, el conglomerado opositor, en su mayoría cronistas y exjugadores, sigue ganando batallas mientras la historia de las Grandes Ligas se mantiene incompleta con la ausencia de dos jugadores que, digan lo que digan, como bien entonaría Rafael Martos, reúnen los méritos para el más alto honor que se concede en la pelota de Grandes Ligas.

No los elijan. Es su derecho. Quien los vio difícilmente cuestione que antes de todo este tema de las sustancias prohibidas, Bonds y Clemens merecían la distinción.

Pocos como ellos han tenido cabeza y hombros por encima de sus pares en determinados momentos, siendo Bonds el de más duración con ese privilegio.

Podemos tener discrepancias con la vigencia de Clemens como el mejor lanzador, pero Bonds por muchos años era el premier entre los llamados peloteros de posición.

Estamos en 2025, Barry se retiró en 2007 y ahora es que llueven los testimonios sobre la grandeza del otrora jardinero de los Piratas de Pittsburgh y Gigantes de San Francisco.
“El mejor, el mejor”, dijo Pedro Martínez, precisamente un propietario de la cima entre serpentineros por varias campañas, en una conversación en vivo por Instagram con relación a Bonds en el año 2020.

Bonds terminó su carrera con 762 jonrones, líder de todos los tiempos, y, entre muchos logros más, sacudió 73 vuelacercas en 2001, otro récord difícil de igualar como son sus siete premios al Jugador Más Valioso.

Clemens, de su lado, una fuerza dominante desde la lomita, suma siete premios Cy Young, en una carrera de 354 victorias, 184 derrotas y 4,672 ponches, tercero de todos los tiempos.

Vinculados al uso de químicos, sin pruebas de organismos competentes que certifiquen dicho consumo, pero con un mar de dudas que pesan más que la deuda externa de cualquier país del llamado “tercer mundo”, Clemens y Bonds se ganaron su pase a la inmortalidad antes de la llamada “Era de los Esteroides”.

El Barry de Pittsburgh, dos premios al Más Valioso, los Guantes de Oro, necesitó poco en San Francisco para sellar su pase. Lo mismo sucede con Clemens, brutal en sus campañas con los Medias Rojas de Boston.

Hace dos días se anunció que Clemens y Bonds habían quedado fuera de la elección a Cooperstown, esta vez vía el voto del comité de la era contemporánea, compuesto por 16 personas, inmortales, dueños, ejecutivos e historiadores y periodistas, que a su vez seleccionó a Jeff Kent, otrora intermedista y compañero de Bonds en San Francisco.

Bonds y Clemens han negado el uso de esteroides, eso no bastó para que durante 10 ocasiones no fuesen seleccionados por la vía del sufragio de los escritores de béisbol, donde hubo un muro de contención para que pasaran. La última vez que estuvieron en esta fase, en 2022, Bonds sacó un 66% (260 de 394 votos) y Clemens un 65.2% (257 votos). Se necesitaba un 75% para ingresar.

Ahora siquiera pudieron sumar cinco sufragios, lo que obliga a una espera de al menos tres años para la próxima consideración en este mismo comité, según las reglas.

El castigo ha sido largo y no hay señales de que pierda potencia por un buen rato. Cosas de la vida, Bud Selig, el comisionado que económicamente despertó la pelota en el apogeo de la “Era de los Esteroides”, entró en 2017 al templo de Cooperstown.

Quieran o no, la grandeza de Bonds y Clemens jamás será opacada. Los votos puede que no aparezcan. Es cierto. Dicho eso, sus números, con y sin sustancias, son imborrables. Es lo que más cuenta.

Yancen Pujols
Yancen Pujols
Periodista

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