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viernes, enero 16, 2026
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Alerta sobre servicio de la deuda pública 2026

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Por Haivanjoe Ng Cortiñas

La transición del problema del saldo de la deuda de US$ 61,616.9 millones -cuánto debemos- al problema del flujo, cómo y cuándo pagamos, puede tener un impacto sobre la cotización de la tasa de cambio y liquidez fiscal.

La República Dominicana enfrenta, a partir de 2026, un ciclo de presiones financieras que no debe ser ignorado. Las cifras más recientes sobre el servicio de la deuda externa e interna revelan que el país se acerca a un trienio particularmente complejo, donde confluyen vencimientos concentrados, intereses crecientes y una dependencia mayor del financiamiento interno. No se trata de una amenaza inminente de crisis, pero sí de un llamado serio a estar apercibidos con las implicaciones del cumplimiento del pago del servicio de la deuda y variables clave como la tasa de cambio. 

El frente externo: tres años sobre los US$5,300 millones

Entre 2026 y 2028, el servicio de la deuda externa superará los US$5,300 millones cada año, una cifra elevada incluso para economías emergentes con acceso a mercados internacionales.

2026: el primer año crítico

El servicio total asciende a US$5,847 millones. La presión proviene principalmente de una amortización excepcionalmente alta -US$2,891 millones- asociada al vencimiento de bonos emitidos en la última década. A esto se suman intereses por US$2,931 millones, configurando un año de fuerte tensión para las reservas internacionales y la programación financiera del Gobierno.

2027: se reduce el monto, aumentan las rigideces

En 2027 el servicio baja ligeramente a US$5,499 millones. Sin embargo, los intereses superan los US$3,030 millones, un incremento respecto al año previo. Aunque las amortizaciones caen a US$2,451 millones, persiste un problema de escalonamiento: demasiados vencimientos concentrados en periodos específicos, con poca dispersión temporal. No es un año de alivio real, el monto continúa siendo mayor que él año que finaliza.

2028: un respiro moderado, pero insuficiente

El servicio externo retrocede a US$ 5,318 millones. La amortización baja a US$ 2,105 millones, pero los intereses aumentan a US$ 3,192 millones. Aunque el volumen vencido disminuye ligeramente, el costo financiero del stock se mantiene al alza. El respiro es relativo, porque el servicio de la deuda sigue siendo superior al año que termina.

El frente interno: volatilidad, picos y mayor peso cuasi-fiscal

El servicio interno de la deuda del Gobierno Central exhibe una dinámica más volátil que el frente externo: picos abruptos de amortización, intereses crecientes y un peso cuasi-fiscal del Banco Central en ascenso.

2026: un inicio abrupto

El servicio interno alcanza RD$ 230,865 millones. La amortización sube a RD$ 61,534 millones y los intereses continúan su escalada, llegando a RD$ 129,750 millones. Un elemento determinante es el costo cuasi-fiscal del Plan de Recapitalización del Banco Central, que aporta RD$ 39,485 millones al gasto corriente.

2027: disminución momentánea

El servicio se reduce a RD$ 198,250 millones, impulsado por una caída de las amortizaciones a RD$ 16,520 millones tras el pico de 2026. Sin embargo, los intereses suben a RD$ 137,288 millones y el costo cuasi-fiscal asciende a RD$ 44,369 millones. Es una pausa, no un alivio estructural.

2028: el año más pesado

El servicio alcanza RD$ 280,189 millones, el nivel más alto del trienio. Las amortizaciones se elevan a RD$ 82,475 millones y los intereses llegan a RD$ 147,903 millones. El pago del plan de recapitalización del Banco Central alcanza su pico: RD$ 49,679 millones. Las nuevas contrataciones internas suben a RD$ 51,836 millones, reflejando una fuerte presión para cubrir vencimientos sin deteriorar la caja fiscal.

El denominador común: intereses crecientes y vencimientos mal escalonados

Tanto en la deuda externa como en la interna, el componente de los intereses se vuelve la parte más rígida del servicio. Entre 2026 y 2028, los intereses externos aumentarán desde US$2,931 millones hasta US$3,192 millones. Internamente, pasan de RD$ 129,750 millones a RD$ 147,903 millones.

Este patrón confirma una tensión estructural: solo el pago de intereses consumirá el 24.0% de los ingresos corrientes y representará el 20.3% del gasto público total. Este peso rígido reduce dramáticamente el margen fiscal y alimenta la acumulación de presiones de corto plazo. A ello se suma la concentración de vencimientos en 2026 y 2028, que obliga al Gobierno a depender de operaciones de refinanciamiento agresivas.

¿Tendrá el país acceso a financiamiento en esas condiciones? Dominicana cuenta con un historial sólido de colocación en mercados internacionales, pero el entorno para 2026-2028 presenta desafíos. En un escenario base de estabilidad global, es probable que Hacienda pueda refinanciar la mayor parte de los vencimientos, aunque con costos potencialmente mayores si persisten las altas tasas internacionales. El riesgo reside en un escenario adverso: un episodio de aversión al riesgo en mercados emergentes podría cerrar temporalmente la ventana de colocación externa, forzando una mayor dependencia del mercado interno y presionando aún más las tasas locales y el tipo de cambio. La coordinación con bancos multilaterales para asegurar líneas de crédito contingentes se convierte en un amortiguador crucial.

Impacto colateral sobre el tipo de cambio: el rol del REMA en un entorno de tensiones

Este panorama tiene implicaciones directas sobre el comportamiento del tipo de cambio y, en particular, sobre el Resultado Neto de las Operaciones de Mercado Cambiario (REMA)-, que funciona como un indicador de alta frecuencia sobre las presiones de oferta y demanda de divisas.

El significativo incremento en el servicio de la deuda externa en 2026, acompañado de pagos elevados en 2027 y 2028, actuará como un factor coyuntural de demanda de dólares que puede deteriorar el REMA en meses de alta concentración de vencimientos. Aunque la economía dominicana cuenta con fuentes estructurales de divisas -turismo, remesas, inversión extranjera-, estos flujos no siempre se sincronizan con los picos de amortización del sector público, generando brechas temporales en el mercado cambiario.

Cuando el REMA muestra déficits coyunturales por la demanda de dólares del propio Estado, se amplifica la sensibilidad del tipo de cambio. Esta dinámica es particularmente relevante en un contexto donde la depreciación alcanzó 4.2 % en 2025, con el dólar en casi a RD$ 64.0.

Además, el mercado puede anticipar estos desbalances temporales, elevando la demanda precautoria de dólares y acentuando la volatilidad. En ese escenario, el Banco Central toma un rol más activo, ya sea mediante intervenciones directas o ajustando su tasa monetaria. La coordinación con la política fiscal se vuelve esencial para evitar que un fenómeno transitorio —el desequilibrio inducido por los picos de deuda— se convierta en una tendencia cambiaria permanente.

Un sistema fiscal sin margen: más deuda para pagar deuda

La creciente dependencia de nuevas colocaciones internas y la carga del Plan de Recapitalización del Banco Central revelan un hecho preocupante: se está usando más deuda para pagar deuda. Esta dinámica de “rollover”, común en economías emergentes, reduce el espacio fiscal y aumenta la exposición a choques externos, variaciones en tasas internacionales o eventuales episodios de volatilidad cambiaria.

Frente a este panorama, las autoridades cuentan con un conjunto de herramientas de gestión activa de deuda para mitigar los riesgos. Es imperativo actuar con anticipación por parte del actor monetario, a no ser que prefiera actuar en el momento que la presión en el mercado cambiario aumente, así como la depreciación, mostrándose luego como el salvador. La clave está en la acción temprana y la coordinación entre la política fiscal y la monetaria.

Lo que muestran las cifras: tensión en aumento pese al nivel moderado de deuda/PIB

La deuda del Gobierno Central -equivalente al 48.0 % del PIB a noviembre de 2025- no parece excesiva. El verdadero desafío no es el stock, sino el flujo: los pagos concentrados en periodos específicos y su posible incidencia sobre variables fiscales y cambiarias.

El país no está frente a una crisis ni a un problema de solvencia. Pero sí enfrenta un riesgo de liquidez significativo, derivado de un calendario de pagos concentrado, un costo financiero creciente y un mercado cambiario sensible a picos de demanda de dólares.

Administrar este trienio crítico requerirá planificación, transparencia y coordinación estrecha entre política fiscal y monetaria. La ventana para actuar todavía está abierta. Aprovecharla determinará si 2026–2028 será un período de ajuste manejable o un ciclo de estrés financiero que limite el crecimiento y la inversión social en los años siguientes, siendo el año 2026 crucial para las señales que recibirá el resto del periodo.

Haivanjoe NG Cortiñas
Haivanjoe NG Cortiñas
Haivanjoe Ng Cortiñas, economista de la UASD y master en economía de la UNAH, autor de 5 libros sobre la economía dominicana, conferencista internacional y articulista.

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