Por Osvaldo David Santana
En medio del desfile del Carnaval del Distrito Nacional, este Diablo Cojuelo no solo recorre la avenida: la llena de energía. Su sonrisa amplia, el brillo del traje y el estallido de colores transforman el instante en celebración compartida.
El naranja vibrante, el azul intenso y el dorado que captura la luz contrastan con el entusiasmo del público detrás de la verja. La emoción es mutua. El carnaval no es un espectáculo distante; es un diálogo entre quienes desfilan y quienes aplauden.
Esta imagen resume lo que cada año convierte al Distrito Nacional en escenario de identidad viva: tradición, creatividad y una felicidad que se contagia.






