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miércoles, febrero 26, 2025

¿Acaso hay riesgo de liderazgo en la conducción de República Dominicana para 2028?

Por Osvaldo Santana

El tema ha sido sugerido por algunos a partir de la competencia soterrada o poco disimulada en el partido oficialista por la sucesión del liderazgo del presidente Luis Abinader.

El adelanto de la competencia interna llevó a la JCE a advertir acerca de penalidades para los partidos cuyos dirigentes desborden prematuramente la lucha por la candidatura presidencial, que en el caso del Partido Revolucionario Moderno (PRM), sería por la sucesión del liderazgo de Abinader. 

Y es que tantos aspirantes a la presencia en el PRM, podría también implicar el riesgo de que la fuerza dominante sufra una bifurcación de liderazgos, lo que obviamente representaría una pérdida en la estima de los electores.

Si bien el foco de atención está fijado en el PRM, quizás porque tiene el control de los dos principales poderes del Estado, pero el liderazgo de un país democrático no es una propiedad exclusiva de quienes están al mando.

Y siendo así, no se puede llegar a la conclusión de que el PRM es el único y más importante garante de la conducción pública. Más bien se supone que la sociedad requiere el concurso de todos los actores, los gobernantes y las demás fuerzas políticas y sociales.

De modo que el liderazgo nacional lo conforman en primer lugar quienes detentan el poder en la medida en que son acreedores del favor popular y conservan la credibilidad para el cumplimiento de sus responsabilidades. Y las fuerzas sociales y opositoras que obran como un control o contrapeso.

Y así, más allá del rol de autoridad, se va conformando lo que es el liderazgo nacional compartido entre todos los actores, unos con más peso que otro en el seno social. Por eso la importancia de quienes detentan el rol de autoridad de contar con el aval de los ciudadanos.

Los liderazgos están en todas las instancias sociales, algunos establecidos y otros en construcción. Es pues un proceso de permanente evolución.

El panorama de los liderazgos

En el plano estrictamente político, el país cuenta con una amplia gama de dirigentes y líderes, algunos en capacidad en algún momento de ascender al poder y liderar desde ese rol, y otros, coyunturalmente impedidos de optar por esa posibilidad, como Hipólito Mejía y Danilo Medina.

Están también los líderes opositores, como Leonel Fernández, otros menos actuantes como Abel Martínez, el último candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y muchísimos más.

Detrás el concierto ciudadano, que puede ser una cantera de liderazgos, siempre que las coyunturas políticos lo posibiliten. Ahora la figura del o los candidatos independientes abren las posibilidades de que los liderazgos se construyan desde otros litorales.

Lo esencial es entender que ningún partido tiene el monopolio de los liderazgos y estos se irán imponiendo con la dinámica social y política, y en consecuencia, no parece que deba haber preocupación acerca del futuro del liderazgo político. La sociedad siempre tendrá respuestas, y a lo sumo, lo que más puede ocurrir es que una agrupación política sufra un deterioro de su liderazgo por un pobre desempeño de sus líderes principales. De eso, el país tiene sobradas vivencias.

La experiencia histórica más reciente

Desde 1966, Joaquín Balaguer dominó el liderazgo nacional, manteniéndose en el poder durante 12 largos años. Fue la herencia de la intervención militar norteamericana de 1965, combinada con el frustrado intento de construcción democrática con la elección de Juan Bosch, el 20 de diciembre de 1962 y su instalación el 27 de febrero de 1963, para ser derrocado siete meses después.

Entonces, el país perdió una esperanza que la constituía Bosch como primer gran líder post Trujillo, que se confrontó con Viriato Fiallo.

Balaguer reinó sin oposición importante durante su primer período, porque la resistencia colectiva la desempeñó la izquierda revolucionaria y un Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que había quedado en la orfandad de liderazgo con la 

salida de Juan Bosch al auto exilio a finales de la década del 60 para retornar tras la reelección de Balaguer en 1970.

Entonces, un líder que ya había mostrado credenciales desde antes de aquella tarde del 24 de abril de 1965, cuando llamó a la población a las calles para derrocar al Triunvirato, empezó a crecer como figura alterna a Bosch: José Francisco Peña Gómez.

Mientras Bosch continuaba en Europa (España y Francia), Peña Gómez asumía la dirección del PRD bajo la divisa del expresidente que aupó la abstención electoral de 1970, que dio lugar a la reelección de Balaguer.

Peña surgía como una nueva expresión, otra clase de liderazgo a la sombra de Bosch, pero con fuertes vínculos con los actores sociales. En ausencia de Bosch, la principalía perredeísta al mismo tiempo se bifurcaba en otros liderazgos menores, algunos de los cuales, que no comulgaban con la abstención, se vincularon al Movimiento de Integración Democrática Antirreeleccionista  (MIDA), encabezado por Francisco Augusto Lora, que había roto con Balaguer y pretendió disputarle el poder en 1970.

 La salida de Bosch implicó un debilitamiento del liderazgo de la oposición. Bosch ensanchaba sus relaciones internacionales, estudiaba a la sociedad dominicana, formuló la tesis de dictadura con respaldo popular y se vincula con nuevos aliados socialistas como China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya y en Europa con la Yugoslavia de Josip Broz Tito.

Al PRD le llegó la crisis mayor de 1973, tras la guerrilla de Francisco Alberto Caamaño Deñó, que determinó la salida de Bosch con un nuevo partido, el de la Liberación Dominicana (PLD). 

Entonces, en la oposición se configuraron dos fuertes liderazgos en competencia entre sí y frente a Balaguer, quien mantenía un liderazgo hegemónico, que en nada debilitó la disidencia de Lora, y pudo reelegirse con violencia en 1974, hasta que, en 1978, perdió el poder.

En la coyuntura de 1978, forjada en los procesos de resistencia del PRD y algunos actores de la izquierda revolucionaria, desde 1974, un liderazgo colectivo propició el fin de los 12 años de Balaguer: Peña Gómez, como líder y gran estratega, venció a Bosch en el seno de las masas populares, y junto al liderazgo nuevo que él fue capaz de impulsar, desde el presidente electo, Antonio Guzmán Fernández, en 1978, el senador Salvador Jorge Blanco, Jacobo Majluta, que luego se enfrentaría a Peña Gómez y formaría su propio Partido Revolucionario Independiente (PRI).

Pero Balaguer jamás renunció a su jefatura y retornó al poder en 1986, 1990, hasta 1994, cuando de nuevo, el fuerte liderazgo de Peña Gómez y fuerzas aliadas, lo obligó a salir del poder. Aquí habría que reconocer la fuerte presión de Estados Unidos en cada uno de esos procesos.

Para 1996, ya agotados los liderazgos de Balaguer y Bosch, emergió Leonel Fernández, quien heredaría a esos dos viejos caudillos. Fernández, sustituyó a Bosch, después del deterioro de su salud mental.

Con la muerte de Peña Gómez en 1998, ya en el PRD se anidaban nuevos liderazgos, como el de Hatuey De Camps e Hipólito Mejía, este último convertido en presidente de la República en el 2000. Esos líderes se confrontarían en una lucha terrible que provocó un rompimiento en el PRD. Luego sucesivas confrontaciones de Mejía con nuevas figuras como Miguel Vargas Maldonado, hasta la formación del PRM del seno del partido blanco, proceso que permitió el liderazgo del hoy presidente Abinader.

El PLD, tras gobernar desde 2004 hasta el 2020, sufriría un proceso parecido, con el surgimiento del liderazgo de Danilo Medina, quien, aupado en principio por Fernández, lo confrontó desde el poder, para reelegirse, como nuevo gran líder, o para impedirle la candidatura en 2020.

Si se revisa la historia de la democracia dominicana desde 1966, se ve que en cada coyuntura o proceso aparece el liderazgo que el momento precisa.

De modo que no tienen mucho sentido las preocupaciones acerca de la sucesión de Abinader entre el liderazgo del PRM o en el país. 

Una cantera de hombres y mujeres esperan para sustituirlo, y ni hablar de la oposición, cuyo polo más fuerte, la Fuerza del Pueblo, tiene, en este momento, una figura claramente definida, con apuesta futura con un potencial sucesor.

Lo que habrá de suceder, estará dictado por la dinámica social y las fuerzas que la generan.

Osvaldo Santana
Osvaldo Santana
Osvaldo Santana es periodista.

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