Por Federico Pinales
El presidente Luis Abinader ha empezado a limpiar la casa con el caso de Senasa, dando cumplimiento a sus antiguas amenazas.
De paso aprovecha la ocasión, para desviar la atención de la población, sobre su errática decisión de comprometer sin vacilación la soberanía de la nación, en franca violación de nuestra Constitución.
Ya está sobradamente demostrado que el supuesto combate a la corrupción no es más que una simulación, para anestesiar a la población, en momentos de gran tensión, provocada por alguna acción que perjudica los más sagrados intereses de la nación; como lo es esa atropellante violación a nuestra soberanía y a la Constitución, para alimentar una injustificada invasión a otra nación hermana, independiente y soberana.
Los restos del difunto padre del presidente de la República Dominicana se deben estar revolviendo en el cementerio, tras enterarse de que su hijo le entregó, voluntariamente, la soberanía de su nación al imperio.
¿En dónde están los “prominentes” abogados constitucionalistas y “nacionalistas”, que integran esa gran lista, de los que “aúllan” en los tribunales y en los medios de comunicación, defendiendo a los acusados de corrupción, lavado, desfalco, prevaricación, robo y falsificación?
Esos mismos que se han hecho multimillonarios y famosos con el dinero de los mafiosos, junto a los cuales deberían estar en el “calabozo”.
Esos abogados son los únicos que salen beneficiados del dinero robado al pueblo a través del Estado, pero a ellos nadie los puede acusar, porque tienen licencia para pretender justificar los millones que se roban los ladrones.
En cada acción de la Procuraduría, está presente la misma “jauría”, apoyando las vagabunderías y tropelías de los mismos pandilleros de cuello blanco, dueños de naves, haciendas, mansiones y bancos.
Ahora el presidente Luis Abinader, siguiendo la receta de Joaquín Balaguer, cuando se siente con el agua al cuello, amaga con perseguirlos a ellos, quitándoles algunas "hebritas" de cabellos, pero evitando que la navaja les llegue al cuello.
Se debe aplaudir cada acción positiva de la Procuraduría, pero en esta ocasión se sospecha que se trató de una bola de humo, para neutralizar las justificadas protestas, contra la entrega irresponsable y mediante documento, de nuestra soberanía, a un imperio que ya de facto la tenía.
Con esa acción, Abinader se echó en el bolsillo el "supuesto patriotismo” y hasta al clan de los Castillo.
El temor de Abinader es de que al final le pase lo mismo que a Noriega y a Trujillo, quienes, por no obedecer, a uno lo mandaron a la tumba y a otro al banquillo, acusado de traficar con el polvillo.





