Por Federico Pinales
No importa que de la pobreza se haya zafado y de que políticamente se haya empoderado, con posibilidad de moverse para todos los lados.
Siempre será un hombre encadenado, a intereses naturales y creados, sea o no casado; haya triunfado o fracasado, por donde quiera está encadenado.
Sentimentalmente, laboralmente, económicamente, políticamente, impositivamente, espiritualmente, socialmente, médicamente y hasta adictivamente, en el caso de los viciosos a las drogas, el alcohol, los juegos, el tabasco y las mujeres.
El hombre fue concebido encadenado a la madre y sigue atado a ella, hasta que por voluntad propia decide liberarse y encadenarse espiritual y legalmente a otra mujer, que le controla hasta la respiración, además del bolsillo, el tiempo, la mente y el corazón.
Hasta los más dichosos, política y económicamente poderosos, con ínfulas de dioses terrenales, padecen sus propios males y aunque sean blancos de melenas, tienen sus especiales cadenas.
Eso quiere decir que no hay hombres independientes, porque hasta para llegar a ser presidente, necesitan el favor de la gente.
Los obscenamente multimillonarios en bienes materiales, tienen sus cadenas espirituales, porque hay cosas reales que no se pueden comprar con “riales” (dinero).




