Sembrar “institutos de matemáticas”: ¿alternativa para el desarrollo?

Por Emiliano Reyes Espejo
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La propuesta de eliminar carreras humanísticas en las facultades de Humanidades de nuestras universidades, especialmente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), causó revuelo y generó un intenso debate entre intelectuales y académicos de esa prestigiosa institución.

En los planteamientos sobre la supuesta eliminación o el desplazamiento de las carreras de Humanidades en la UASD y otras universidades dominicanas participaron reconocidos académicos e intelectuales. Sin embargo, estas discusiones no corresponden a una sola época ni a una fecha específica. Han resurgido en distintos momentos, impulsadas por reformas curriculares, la baja matrícula de determinadas carreras y las nuevas demandas del mercado laboral.

Había profesores que favorecieron incluso la desaparición de la Facultad de Humanidades. Recuerdo a colosos intelectuales y académicos como Ivelisse Prats de Pérez, Jesús de la Rosa, Enerio Rodríguez, Dato Pagán y Rafael González Tirado, entre otros, que rechazaron la iniciativa, la cual se veía como un intento de impedir la aparición de un pensamiento crítico en la juventud de la época.

Además de los 30 años de la dictadura de Trujillo, el país también había enfrentado la intervención militar de Estados Unidos de 1965 y los tiempos de la Guerra Fría, período caracterizado por una intensa confrontación ideológica y política por la hegemonía mundial entre el capitalismo y las corrientes socialistas y comunistas, particularmente el marxismo-leninismo.

En ese mar de ideas llegó a la UASD la propuesta de eliminar determinadas carreras humanísticas. La iniciativa daría paso a una mayor orientación hacia las matemáticas, las ciencias, las ingenierías, la arquitectura, la medicina y otras áreas consideradas estratégicas para el desarrollo nacional.

Las discusiones tuvieron un pronunciado matiz ideológico, enmarcado entonces en la Guerra Fría. Se atribuyó a esta propuesta el interés de reducir carreras que pudieran contribuir a la formación de una conciencia crítica capaz de impulsar transformaciones sociales.

Posteriormente, el debate reapareció con fuerza en otros momentos de la historia universitaria.

En 2004, por ejemplo, la UASD inició un proceso de transformación curricular integral. En ese contexto corrió la versión de que algunas licenciaturas tradicionales, como Filosofía, Historia y Letras, serían clausuradas debido a la baja cantidad de estudiantes matriculados.

Para frenar la controversia, las autoridades universitarias tuvieron que aclarar públicamente que esas carreras no desaparecerían, argumentando que, aunque el sector productivo no demandara masivamente determinados profesionales, el país necesitaba las Humanidades como soporte del pensamiento crítico y como complemento indispensable de las demás áreas del conocimiento.

La discusión resurgió posteriormente, en noviembre de 2012, durante una asamblea de la Facultad de Humanidades de la UASD. En esa ocasión, el planteamiento no consistía necesariamente en hacer desaparecer las disciplinas humanísticas, sino en eliminar o unificar algunas menciones y especialidades dentro del proceso de rediseño curricular, con el propósito de compactar la oferta académica y optimizar los recursos disponibles.

La situación trascendió el ámbito estrictamente académico y, hacia 2017, se convirtió en parte de una discusión nacional sobre el futuro de la educación superior dominicana.

Ya no se trataba solamente de un debate ideológico. Comenzaba a imponerse la presión del mercado laboral y el creciente interés por las llamadas carreras STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

El debate dio entonces un giro hacia la preferencia por las áreas científicas, tecnológicas y digitales. Desde diferentes sectores se ha advertido que las universidades corren el riesgo de relegar las Humanidades ante la sobrevaloración de carreras técnicas y científicas consideradas más rentables y con mayores oportunidades de empleo.

¿Es demasiado tarde?

¿Es demasiado tarde para replantear esta discusión?

Los avances globales de la ciencia y la tecnología hacen imperativo modificar determinados enfoques de la formación profesional. Pero ese cambio no debería significar la desaparición de las Humanidades ni la subordinación de todo el sistema educativo a las necesidades inmediatas del mercado laboral.

El verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio.

La sociedad del futuro necesitará ingenieros, médicos, científicos, especialistas en inteligencia artificial, programadores y expertos en matemáticas. Pero también necesitará historiadores, filósofos, sociólogos, educadores, comunicadores, escritores y profesionales capaces de comprender al ser humano, interpretar los procesos sociales y formular preguntas críticas sobre el rumbo de la sociedad.

No obstante, hay un área que merece una atención especial: las matemáticas.

Diversos informes sobre el desempeño educativo dominicano han mostrado las dificultades que enfrentan nuestros estudiantes en esta materia. Los resultados de las evaluaciones internacionales constituyen una señal de alerta que no debería ser ignorada.

Los datos de PISA deben llevarnos a preguntarnos si estamos preparando adecuadamente a nuestros jóvenes para una sociedad en la que las matemáticas constituyen la base de buena parte de la ciencia, la tecnología, la inteligencia artificial, la ingeniería y la economía digital.

El problema no consiste únicamente en obtener una determinada puntuación en una prueba internacional. Se trata de algo mucho más profundo: la capacidad de nuestros estudiantes para razonar, analizar, interpretar información, resolver problemas y utilizar los conocimientos matemáticos en situaciones de la vida cotidiana.

Quemados en matemáticas

Mientras crece la demanda mundial de conocimientos matemáticos, en República Dominicana persisten grandes desafíos en esta área.

Los resultados de las evaluaciones internacionales han puesto el dedo sobre la llaga y revelan que una proporción considerable de nuestros estudiantes permanece por debajo de los niveles considerados básicos para desenvolverse adecuadamente en problemas matemáticos.

Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también muestran que el país enfrenta importantes retos en ciencias, matemáticas y lectura.

Estos resultados deberían servirnos para algo más que lamentarnos cada vez que se publica un informe internacional.

Hay que preguntarnos qué estamos haciendo mal y, sobre todo, qué podemos hacer de manera diferente.

Algunos analistas sostienen que, aunque se han realizado importantes inversiones en infraestructura escolar, el gran reto está ahora en la práctica pedagógica dentro del aula, en la formación de los docentes y en el desarrollo de las capacidades de análisis y razonamiento de los estudiantes.

La realidad es que nuestro sistema educativo enfrenta un desafío de grandes proporciones. El mundo está cambiando aceleradamente y la educación no puede permanecer al margen de esa transformación.

La inteligencia artificial, la robótica, la automatización, la computación cuántica, la ingeniería genética y otras áreas de la ciencia y la tecnología requieren una sólida formación matemática.

¿Cómo revertir esta situación? Es todo un reto.

Como simple ciudadano preocupado por el futuro del país, y sin pretender ser experto, intelectual o académico especializado en esta materia, me permito formular algunas propuestas que podrían contribuir al debate nacional.

Cinco propuestas

  1. Crear Institutos de Matemáticas.

Que el Gobierno destine parte de los recursos del 4 % del presupuesto destinado a la educación para crear Institutos de Matemáticas en distintas provincias y municipios del país, con el propósito de identificar, estimular y desarrollar los talentos matemáticos existentes en nuestras comunidades.

Estos centros podrían convertirse en espacios especializados para estudiantes con habilidades sobresalientes en matemáticas, así como en lugares de formación complementaria para jóvenes interesados en las ciencias y la tecnología.

  1. Involucrar a todo el sistema educativo y académico.

El Ministerio de Educación, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), EDUCA y las universidades deberían promover propuestas, estudios y debates sobre esta iniciativa.

También sería conveniente convocar a matemáticos, científicos, profesores, investigadores y expertos dominicanos para que formulen sus propias sugerencias, especialmente en lo relativo al diseño del currículo y los programas de formación de estos institutos.

  1. Formar bachilleres con sólida preparación matemática y humanística.

Los Institutos de Matemáticas podrían formar bachilleres con una sólida preparación científica y matemática, pero sin descuidar su formación humanística.

Los estudiantes egresados podrían optar por becas nacionales e internacionales para cursar carreras relacionadas con la inteligencia artificial, matemáticas, física, ingeniería, ciencias de datos, computación y otras áreas afines.

La idea no sería crear jóvenes expertos exclusivamente en números, sino ciudadanos con capacidad científica, pensamiento crítico y sensibilidad social.

  1. Identificar tempranamente el talento matemático.

Los estudiantes que ingresen a estos institutos podrían ser seleccionados mediante procesos transparentes que permitan identificar sus habilidades y potencialidades matemáticas.

No se trataría simplemente de seleccionar a quienes obtengan las mejores calificaciones, sino de detectar capacidades especiales de razonamiento lógico, resolución de problemas, creatividad matemática y pensamiento abstracto.

  1. Buscar cooperación internacional.

En una primera etapa, el Gobierno podría contemplar la contratación o colaboración de profesores y especialistas extranjeros con experiencia en programas avanzados de enseñanza de las matemáticas.

Para ello podrían explorarse acuerdos con organismos internacionales, universidades y centros especializados, incluyendo la UNESCO y otras instituciones con experiencia en educación científica.

No partimos de cero

Las autoridades educativas dominicanas pueden apoyarse, además, en las experiencias y precedentes que existen en el país en materia de enseñanza e investigación matemática.

En ese sentido, debe citarse el Instituto de Matemáticas (INSMAT) de la UASD, perteneciente a la Facultad de Ciencias de esa academia y dedicado a actividades de investigación científica y apoyo a la docencia en el área de las matemáticas.

También está el departamento de Matemáticas de la UASD, responsable de la formación de grado y de las cátedras correspondientes a esta disciplina.

Asimismo, instituciones como el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) han desarrollado espacios de investigación y aplicación de las matemáticas vinculados con la tecnología y las ciencias computacionales.

Todo esto demuestra que República Dominicana no parte de cero.

Tenemos profesores, investigadores, universidades y experiencias acumuladas. Lo que hace falta es articular esos recursos dentro de una política nacional que permita identificar y desarrollar el talento matemático desde edades tempranas.

Sembrar para el futuro

Crear Institutos de Matemáticas no resolverá por sí solo las deficiencias del sistema educativo dominicano. Tampoco debe convertirse en una excusa para abandonar las Humanidades.

Por el contrario, la educación del futuro debe combinar ciencia y humanismo.

Necesitamos matemáticos que comprendan la sociedad, ingenieros con sentido ético, científicos capaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus descubrimientos y especialistas en inteligencia artificial conscientes del impacto que sus decisiones pueden tener sobre las personas.

El país necesita, en consecuencia, una educación que no obligue a escoger entre las Humanidades y las Ciencias, sino que permite que ambas se complementen.

La discusión que comenzó hace décadas sobre el papel de las carreras humanísticas puede adquirir ahora una nueva dimensión.

No se trata de eliminar las Humanidades para sembrar matemáticas.

Se trata de sembrar matemáticas sin arrancar las Humanidades.

Porque si queremos construir una República Dominicana preparada para la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial, tendremos que comenzar por cultivar el talento allí donde nace: en nuestras escuelas, en nuestros barrios, en nuestros municipios y en nuestras provincias.

Quizás la creación de una red nacional de Institutos de Matemáticas pueda ser una de esas semillas.

Y el país necesita sembrarlas cuanto antes.

*El autor es periodista.

Emiliano Reyes
Emiliano Reyes
Periodista y Gestor de relaciones públicas

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