Por Federico Pinales
Caminando dentro del parque Mirador, bajo un intenso calor, me encontré cara a cara, con Guido Gómez Mazara.
Él andaba solo, sin aparatajes de seguridad; humilde, normal y sencillo, exhibiendo su don de gente, me dispensó un trato decente y hasta se detuvo un instante a intercambiar impresiones con otros dos ciudadanos, sin la arrogancia característica de los funcionarios de su nivel.
Traigo este tema a la mesa como ejemplo de lo que entiendo debe ser el comportamiento de un alto dirigente político y funcionario público, acostumbrado a llamar las cosas por sus nombres, sin temor ni favor.
Lo había visto en ocasiones anteriores, por esos alrededores; antes de ser la figura pública que es hoy, pero esta vez quedé sorprendo, por lo inusual que resulta ver a un funcionario de su categoría y popularidad mediática, caminar sólo sin un aparato de seguridad indiscreto, pagado por el Estado con los impuestos de todos.
Conocí a Guido Gómez a principios de los años 90 en Nueva York, durante una entrevista que le hicimos en el programa “Realidades”, Zunilda Fondeur y yo, mucho antes de que él asumiera el cargo de Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, durante el gobierno de Hipólito Mejía.
Después de esa entrevista, lo más cerca que nos hemos visto ha sido cuando nos hemos cruzado caminando en El Parque Mirador Norte, de la Avenida Anacaona, de Santo Domingo, pero le doy mucho seguimiento a sus intervenciones públicas, a través de los medios de comunicación, razón por la cual aseguro que Guido Gómez Mazara da la cara y no se esconde detrás de ninguna mampara, con lo cual hace honor a su madre Carmen Mazara.







