Por Federico Pinales
Un tumor maligno cubierto bajo las sotanas de las curias romanas, ha sido pinchado y “extirpado” por el primer Papa salido del corazón de la Iglesia Católica Norteamericana.
El papa León XIV, nacido y criado de este lado, ha sido quien ha revelado y denunciado los graves pecado, cometidos por más de 80 cardenales ubicados en los cuatro puntos cardinales.
Con las denuncias, revelaciones, destituciones y aboliciones de algunas prácticas corruptas dentro de la cúpula eclesiástica, enraizadas durante decenas de siglos, el Papa pone su vida en peligro, pero pasará a la historia como el único pontífice que enfrentó e intentó eliminar a las escorias. A esas que bajo las sombras de las sotanas hacían lo que les daba su gana.
Según lo denunciado por el papa León XIV, los 80 cardenales que ya no podrán participar en las escogencias de los nuevos Papas habían convertido a la Iglesia Católica en una cueva de ladrones, corruptos, lavadores de dinero sucio, de violadores, criminales y otras violaciones “documentadas con pruebas irrefutables”.
A muchos “burros”, el Papa León les ha tapado el “hocico”, profundizando la revolución iniciada por el Papa Francisco, su antecesor.
Dentro de la limpieza interna que el Papa León XIV ha iniciado en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la abolición del uso de velas y velones, con lo cual afecta a muchos “jorocones”, que durante siglos navegaron dentro de los millones, fabricando y comercializando, con una práctica oscurantista promovida y sustentada por la propia Iglesia.
Al Papa haber empezado por el tronco, los obispos, párrocos y sacerdotes deben estar “ broncos”, porque cuando la “barba de tu vecino está en peligro, debes poner la tuya en remojo”.
Sea usted católico o no, estas son medidas que deben merecer el aplauso de todos, por la profundidad de su significado para quienes navegan en el pecado.






