Por Alfonso Tejeda
Conocido apenas en el cada vez más reducido ambiente de los lectores en papel, aunque anunciado en las redes sociales – ¿paradójico? -, el traslado de la venta de libros de la emblemática librería La Trinitaria alcanzó el rango de noticia cuando Severo Rivera, desde las páginas de Diario Libre, en un reportaje dio cuenta de que en el local en la calle arzobispo Nouel que ocupaba ese referente cultural, ahora opera como un colmado.
“El cambio ha sorprendido a residentes y visitantes habituales de la zona. No se trata de cualquier negocio: allí operó durante más de medio siglo uno de los principales puntos de encuentro intelectual del país”, introducía Rivera el reportaje, en el que también anotaba otras reacciones de lamento, pero también de críticas y reparos a lo que debe ser una responsabilidad gubernamental de apoyo a una sostenida política que garantice los espacios culturales.
Es una “verdad como puños” que el libro de papel atraviesa en este país por una crisis de muchas vertientes, como insumo principal, la falta de lectores, la competencia con formatos digitales que son más atractivos a una parte de la exigua lectoría de literatura, el costo y precios del producto, la casi total desaparición de librerías, particular en la zona Colonial, donde hay una muy alta presencia de turistas extranjeros, que se supone pueden ser un nutriente para la desfallecida actividad.
Este recién pasado lunes 6 de abril, desde las páginas del periódico Hoy, la siempre activa periodista Angela Peña, con su habitual disposición de explorar y divulgar temas de la vida cultural del país, hace una alegre precisión: “La Trinitaria, tradicional librería y centro de tertulias y debates de la intelectualidad dominicana de más de medio siglo, no ha desaparecido: se trasladó de la Ciudad Colonial a Gascue” , recordando que Virtudes Uribe y Juan Báez, soportes de la librería, y Raquel Aragonés, encargada de ventas, “están ahora instalados en la ‘Manuel Rodríguez Objío’ número dos, entre ‘Doctor Delgado’ y ‘Galván’, Gascue. El mismo número telefónico. El servicio de siempre”.
Esperanzado de que esta precisión de Angela Peña sobrepase la cobertura que alcanzó la difusión de la nota de Severo Rivera, posibilidad probable por la reacción inicial entre quienes conocieron “la buena nueva”, algunos de los cuales extendieron el impacto a una sugerencia de compromiso: el apoyo en la compra de libros, la visita y la promoción del nuevo local, advirtiendo “que no está muerta. Tampoco andaba de parrandas. Pero la indiferencia podría cerrarla para siempre”.
Aquí, ahora, le voy a revelar un secreto: a los compradores y lectores de libros de papel, en especial a los de La Trinitaria, aguanten, esperen un poquito más hasta que en El Gramazo, Las Lagunas, Padre Las Casas, provincia Azua, los niños y niñas cosechen la “ Siembra de libros”, una semilla que plantada el pasado viernes por un grupo de escritores y activistas culturales, quienes caminando entre veredas, cruzando ríos sin puentes, por un camino de penitencia, llegó hasta la escuela Vicente Cruz Victoriano, en lo más alto de la cordillera Central.











