Los tres errores más comunes de un político

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Por Rafael Céspedes Morillo

 “Es que estoy esperando”. Eso dice la gran mayoría de políticos, constituyéndose en el primer gran equívoco en una carrera política, en especial cuando se refiere a posibles candidaturas. Y hay que preguntarse: ¿esperando qué? ¿Esperan a que las circunstancias cambien? ¿Esperan que lo que sucede en esos momentos les favorezca? ¿Esperan que las condiciones generales se vuelvan a su favor? Es decir, dejan en manos de otros, de la suerte o de la eventualidad, lo que ellos deberían construir. 

Hace muchos años escribí que en política no se debe esperar a que las cosas sucedan, sino hacer que sucedan. Es todo lo contrario: si algo nunca debe hacer un político es esperar; el político debe hacer. No es posible creer que, esperando, la suerte nos alcanzará, que nos señalarán con el dedo, que todo se compondrá para nuestro éxito mientras aguardamos, olvidando, entre otras cosas, que mientras uno espera, el otro trabaja; el otro construye su camino, hace todos los esfuerzos para que la ruta que necesita sea expedita, sea la correcta, sea la que requiere. Jamás el azar puede ser un camino seguro; la ruta segura y recomendable es el trabajo, es la acción, es trabajar a favor de tu proyecto, procurar el objetivo, no sentarse a esperarlo. Grave error de la gran mayoría de los políticos, que, en más del noventa por ciento de los casos, cuando reparan en lo que han hecho o dejado de hacer, ya es tarde.

El otro gran equívoco es confundir deseo con realidad. Desear es humano, es normal, es un principio fundamental para procurar algo; pero desear ser un gran atleta y ni siquiera hacer ejercicio es otra cosa. Así, lo que es solo un deseo jamás será realidad, aunque sus cercanos lo apoyen; eso nunca será suficiente. Así se comportan algunos políticos, y podemos incluir aquí a ciertos “analistas” que confunden sus deseos con la realidad. Para ellos, sus deseos son verdades innegables y, por ende, es cuestión de tiempo para que se cumplan. 

Es increíble cómo tantas personas cometen este equívoco sin siquiera dar oportunidad a escuchar una segunda o tercera voz que les muestre que hay otras posibilidades. Se cierran a ver otras ventanas; a veces pienso que quizás es justamente para que no puedan demostrarles que están equivocados. Olvidan que la necedad es enemiga de la realidad. Desear no es triunfar; desear es necesario, pero no suficiente.

El tercer y más común de los equívocos en el ejercicio de la política en nuestro patio es el del conocimiento: “yo sé lo que tengo que hacer”. La verdad es que regularmente no tienen ni siquiera idea de por dónde se debe comenzar y mucho menos hacia dónde ir, cómo ir y con qué ir. Eso los lleva a varios errores más, como la falta de organización y la carencia de planes. No tienen en sus carpetas cuáles son los problemas reales de los posibles seguidores; llegan a confundir seguidores con observadores. Incluso, en ese proceso de captación, creen que todos los que salen a verlos, a saludarlos y hasta a tomarse fotos con ellos, son fieles seguidores, cuando en realidad son observadores de todos los que se asoman como políticos, porque van a ver quién es, qué trae y qué se le puede sacar.

En definitiva, como me dijo un cliente un día. Él estaba ganando porque lo había recibido una “multitud” de casi 80 personas. “A mí todo el mundo me sigue, adonde quiera que vaya, salen a saludarme”, expresión tan común como incierta. 

No todos los que salen a verte son tus seguidores; quizás pudieran serlo, pero si no tienes método, si no tienes un plan a seguir, nunca lograrás pasar de repetir los mismos errores esperando que algún día el tren se retrase.

Comenzar una campaña cometiendo estos equívocos es una manera casi segura de caminar hacia una derrota. Y hace muchos años descubrí que no hay derrota más económica que una victoria.

 

Rafael Céspedes Morillo
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Rafael Céspedes

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