Por Rafael Céspedes Morillo
El PLD está complicado por la falta de líderes. Tiene uno solo: Danilo Medina. Todos los demás no pasan de ser dirigentes. No se percibe fuerza real en quienes se definen como precandidatos presidenciales; y los que aparentan estar en la delantera lo hacen con cifras tan pequeñas que carecen de valor numérico para ser considerados como opciones con posibilidades reales.
Sin embargo, a lo interno pueden suceder varias cosas. Más adelante podría imponerse alguno de los siguientes escenarios:
Un acuerdo entre antiguos cercanos —Leonel Fernández y Danilo Medina— que desemboque en un abrazo sincero, con o sin Miguel Vargas; un Leonel apoyado por Danilo, y un Danilo respaldando a Leonel. Digamos: Leonel como candidato presidencial, y Danilo como candidato a senador, ya sea por el Distrito Nacional o por San Juan.
También podríamos ver a Omar Fernández como candidato a la alcaldía del Distrito Nacional, y no al Senado; a Danilo como presidente del Senado y con capacidad de manejar un porcentaje importante del gobierno central; a Omar Fernández como jefe de campaña en el Distrito Nacional.
Pero cuando las tómbolas no están bajo buen control y solo uno quiere definir la velocidad, siempre pueden atravesarse cosas. Hipólito Mejía, a quien ya no le queda mucha fuerza y está cerca de agotar la que conserva, podría —molesto— intentar frenar esa tómbola y deshacer ese escenario, apoyando a alguien del PLD por medio de Danilo. Incluso, Carolina Mejía podría ser candidata del PLD en alguna posición, incluida la presidencial, y quién sabe si como compañera de Omar Fernández. Al final, lo que importa es el llamado “sacrificio patriótico”, no el color de la boleta.
Por estas razones digo que el panorama está confuso. Pueden ocurrir tantas cosas que hoy parecen increíbles, pero que son perfectamente posibles. Imaginen a Carolina levantándole el brazo a Domingo Contreras como su sustituto; a David Collado entrando al PRD por la Sarasota y no por la Churchill.
¿Alguien se ha imaginado a una gloria como Pedro Martínez, no lanzando una bola a cien millas, sino un discurso pidiendo votos como candidato a la alcaldía del Distrito Nacional?
¿Hipólito candidato a senador por Santiago de los Caballeros?
En definitiva, las boletas no tienen más límites que los requisitos más elementales: estar en pleno ejercicio de los derechos civiles, tener más de 25 años y ser dominicano de origen y sangre. Nada más. Y aun así cabe preguntarse: ¿nada más?
Presento esta mezcla de posibles opciones porque todas son viables. No existe una sola norma legal ni ética que las impida. Solo el “patriotismo” —bien o mal ejercido— podría intervenir para evitarlo. Todo dependerá de una sola cosa: lo que convenga a quienes deciden. Así de frágil es el futuro de nuestra patria.
Finalmente, tenemos varias docenas de “partidos” que se dedicarán a observar hacia dónde camina la victoria, cuál es el traje que parece que se pondrá, para no dejarla sola; acercarse, cuidarla y garantizar que la patria esté “bien cuidada”, a cambio de una posición que les permita seguir cuidándola. A veces fallan, a veces no; todo es cuestión de “sabia decisión”.
Pero hablando claro, eso que llaman “sacrificio”, “deseos de aportar a la patria” o “luchar por los más necesitados” es mentira en casi todos. Son expresiones que consideran motivantes, un discurso increíble para estos tiempos, pero que siguen usando. Y lo peor: aún hay muchos que lo siguen creyendo.
Invito a ver, a pensar, a analizar, a definir y, entonces, a decidir. Ojalá sea una decisión que se aleje de los mentirosos, de los repetidores de promesas vacías, de quienes dicen lo mismo porque, en el fondo, son lo mismo.
Nos corresponde a nosotros dejar de ser los mismos, ser diferentes haciendo cosas diferentes, votando por alguien diferente; votar por el país y no por personas, sin importar el nombre del que se vende como solución.
La solución está en tu decisión.






