Por Federico Pinales
Tengo amigos íntimos a los cuales les desagrada mi estilo, por lo cortante del filo; pero es culpa de la lima con que lo afilo, porque es tan buena que al final termina sacándole un doble filo, al arma con la que pretendo cortar el hilo, que mantiene enredados a los indefensos oprimidos, por culpa de los políticos bandidos, que a sectores oscuros se les han vendido.
Esos que cada cuatro años, a los ignorantes ahogan en engaños presentándoles opciones tan malignas y perjudiciales entre sí, que constituyen armas de doble filo, envueltas en elegantes papeles de regalos, para impedir que se descubra cuáles son los más malos.
Hay un país en el norte del hemisferio, donde el asunto es más serio, porque abusando de su condición de imperio, ha llenado al mundo de miseria y cementerios.
Sus representantes se venden como “humanistas”, “filántropos”,
“creyentes”, “demócratas” y como los más “puritanos”, “justos” y “protectores”, mientras destinan más de 800 mil millones para cometer horrores, a través de 850 bases militares distribuidas en más de 70 países, equipadas con armas de destrucción masiva.
Con esa nación se cumple el refrán que dice: “a Dios rogando y con el mazo dando”, porque estrangulan naciones, las invaden, les secuestran y les matan a sus presidentes, bajo el argumento de impedir la producción de armas de destrucción masiva y el surgimiento de dictadores, mientas ellos las tienen, las fabrican por montones, las usan y se las venden a sus dictadores preferidos, para cometer genocidios, sin pedirle permiso a nadie, en violación de todas las reglas y leyes internacionales, que ellos solo reclaman y aplican a sus reales conveniencias políticas, económicas, geográficas y de poder global.
Esta es una soberana hipocresía y un doble discurso que no se pueden tratar con paños tibios ni guantes de ceda, sin importar lo que suceda, porque hay que frenar la patana de 26 ruedas, que anda por el mundo cargándose todo lo que pueda, a su mejor estilo, cortando y frenando el progreso de la humanidad, con sus filosas espuelas de doble filo envueltas en un rollo de hilo.






