Por Yancen Pujols
El Clásico Mundial de 2023, al igual que el pasado, debe tomarse como una dolorosa lección en materia de pelota, no un lugar de residencia permanente.
A juzgar por los hechos recientes de cara al torneo de marzo próximo, se aprendió y mucho, al menos en cuanto confección del equipo dominicano se refiere.
No hay ese cúmulo de jugadores de una misma posición, algo que afectó bastante en la versión pasada, cuando había al menos cinco peloteros para accionar entre las paradas cortas y la segunda base.
Ese experimento de agrupar a Jean Segura, Robinson Canó, Ketel Marte, Willy Adames, Jeremy Peña y Wander Franco fue desastroso.
Ahora es todo lo contrario. Se tomó a un estelar para ocupar cada base y los suplentes saben que harán honor a dicho calificativo: entrarán al terreno en momentos específicos.
El receptor titular será Austin Wells; la primera base pertenecerá a Vladimir Guerrero Jr.; la segunda a Ketel; la tercera a Manny Machado; las paradas cortas a Geraldo Perdomo o el mismo Jeremy, mientras que los jardines serán patrullados por Julio Rodríguez, Fernando Tatis Jr. y Juan Soto.
Carlos Santana y Ahmed Rosario recibirán su cuota de participación en el cuadro junto con el segundo receptor, Agustín Ramírez, así como Johan Rojas y Oneil Cruz en los bosques. Junior Caminero, el novato del grupo, se ve como designado y para darle descanso a Machado en la esquina caliente.
Lo descrito es un alivio para el dirigente Albert Pujols, en un trabajo combinado con el gerente Nelson Cruz y su equipo de operaciones.
El roster del conjunto tricolor, anunciado el pasado día tres de febrero, se completa con lanzadores del nivel de Christopher Sánchez, Sandy Alcántara y Luis Severino y los relevistas Carlos Estévez, Abner Uribe y Wandy Peralta, entre otros de calidad.
Es clave la definición de roles y la ausencia de José Ramírez, un trago amargo para muchos dominicanos, se resolvió rápido. Con Ramírez, el mejor antesalista de las Grandes Ligas, la novena es mejor, pero Machado es un caballo probado que se hace cargo de la exigente posición como en otras ocasiones.
La enorme tarea pendiente es incrustar en los distintos lóbulos frontales izquierdos de cada pelotero que lo único que importa es “República Dominicana”, que estará en el frente del uniforme y no el apellido en la espalda.
Es hora de pensar en el colectivo, no en individualidades. Los equipos comienzan ganando en el camerino. Esa es la primera batalla.
Hasta ahora, los pronunciamientos han ido en esa dirección. Se respira un aire distinto, claro está, hay fechas claves para probarlo. El 28 de febrero, cuando la escuadra se reúna en Miami, el tres y cuatro de marzo cuando celebre partidos de exhibición en el Estadio Quisqueya de Santo Domingo ante Detroit y dos días después (6 de marzo), cuando arranque el Clásico Mundial.
Machado, favorito de una afición dominicana que ha conquistado al decir tres veces que sí a la tierra de su fenecido abuelo, fue elegido capitán y esa también fue una sabia decisión.
Ha ido construyendo una carrera de Salón de la Fama al compás de mostrar orgullosamente sus raíces dominicanas. Es el indicado para llamar a capítulo a cualquiera de sus compañeros en caso de que sea necesario y ni hablar de que cooperará en la forjación del sentido colectivo.
Se requiere ir en una sola dirección con la esperanza de escuchar un grito a viva voz: ¡Dominicana, campeón!
Falta mucho todavía. Es cierto. Las señales son muy alentadoras, contrario a 2023, que jamás se debe repetir.






