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miércoles, febrero 11, 2026

La raya trazada por Danilo renueva competencia y aleja cualquier pacto temprano con Leonel

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Por Osvaldo Santana

Un escenario probablemente no deseado por ninguna de las partes se ha precipitado en el devenir político dominicano: una competencia renovada entre el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP) por la atracción y hasta extracción recíproca de la militancia, en lo que sería una mera sumatoria cero frente a su adversario principal, el Partido Revolucionario Moderno (PRM).

La puesta en escena la impulsó la declaración del expresidente Danilo Medina, quien proclamó que el PLD en forma alguna pactará con otra organización, excepto si encabeza la fórmula con vistas a las elecciones de 2028.

Tras tal proclama marchó Francisco Javier García, aspirante presidencial, quien abonó la declaración de Medina durante un acto en el cual juramentó el sábado 7 de febrero “dos dirigentes de la Fuerza del Pueblo que retornaron a las filas del partido morado”, según un anuncio de esa organización. García habría sido de los propulsores en las elecciones de 2024 de fórmulas de aproximación entre el PLD y la FP. 

Aunque tras la salida del expresidente Leonel Fernández del PLD, la FP estuvo alimentándose de las filas moradas, pasado el tiempo, no se advertía una línea se sonsaca, y en atención a los procesos electorales posteriores, más bien se apostaba a un empeño de crecimiento común con miras a una unidad de acción que no rindió los frutos esperados.

Aunque el flujo de peledeístas hacia la Fuerza de Pueblo no se ha detenido, como el reciente ingreso del exsenador por Barahona, José Manuel del Castillo Saviñón, no era verificable la existencia de un plan fuercista de desmembrar al PLD. Más bien se percibía una línea de contención, bajar las tensiones entre los líderes, coexistencia en la oposición y respeto mutuo.

Ahora, el anuncio de Medina retrotrae la relación del PLD y la FP al momento de la separación en 2019, cuando se desató la competencia por los seguidores del boschismo. Lógicamente, habrá menos pasión, pero indefectiblemente se renuevan los resentimientos, justo cuando en el PLD se vive un momento de reafirmación en la búsqueda de cohesión.

Pero lo dicho por Medina sugiere que pasa algo. Una declaración de esa envergadura debió ser discutida al más alto nivel. En un partido estructurado como el PLD, por más fuerte que sea el liderazgo de su presidente, no puede aventurarse un juicio de esa magnitud, toda vez que equivale a trazar una raya que pudiera adquirir la categoría de “principio”.

Pero hay que entender la circunstancia en que ocurre, pues es vital para la organización preservarse de las amenazas que pudieran debilitarla frente a su competidor por el liderazgo de la oposición.

Al margen de esa consideración, hay que evaluar que el PLD está en su propio laberinto, condenado a crecer o desaparecer. Los resultados electorales pasados son un espejo en el que sus líderes no querrán verse. Pérdidas mayores en unas próxima contiene serían devastadoras.

En su contra pesa también el fardo de la corrupción durante la administración de Medina, que se convirtió en el principal argumento de sus contrarios principales, los gobernantes de hoy, todavía en pleno desarrollo en los tribunales de la República, donde son procesados ex ministros y otros colaboradores. 

Tiene la amenaza real de las fugas, de gente que cuestiona, alimenta dudas y entonces mira hacia otros litorales, y probablemente observa un espacio donde pueden encontrar viejos amigos, muy cercanos por la historia.

En esa dirección, las juramentaciones, como la más reciente realizada por García, pueden estimular a sus antiguos compañeros a apostar a la búsqueda de nuevos militantes en el “viejo partido”. Entonces, se estaría en una guerra peligrosa en el terreno opositor.

En un proceso de esa naturaleza las diferencias se ensanchan. Las búsquedas de adhesiones de ese tipo solo conducirían a la sumatoria cero, porque se trata de personas que a fin de cuentas están en el mismo lado de pensamiento. Además, tales esfuerzos irían contra el empeño común de crecer más allá de sus propias filas.

Aleja la posibilidad de un acuerdo

Al trazar la raya, es más que obvio que se alejan las posibilidades de un arreglo o un acuerdo temprano con sus compañeros de cuna, la Fuerza del Pueblo.

El lado positivo para Leonel

La raya marcada por Medina tiene un lado positivo para su antiguo compañero Fernández y la Fuerza del Pueblo. Los hace entender que no deben soñar con un reencuentro. Tienen que rascarse con sus propias uñas y concentrar su campaña en el seno de la sociedad, al margen de aletazos convenientes en el campo de sus viejos compañeros.

¿Y el PRM?

En una contienda de ese tipo, habría asimismo tun gran ganador desde las gradas: el Partido Revolucionario Moderno (PRM), que verían cómo sus adversarios competirían entre sí por reducirse y separarse más. Siempre será menos difícil confrontarlos divididos que juntos. Los dirigentes de esa agrupación lo vivieron en carne propia mientras formaron parte del ahora diminuto Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Osvaldo Santana
Osvaldo Santana
Osvaldo Santana es periodista.

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