spot_img
martes, febrero 10, 2026

Lo digital, la inteligencia exitosa y los años

spot_img

Miguel J. Escala

Algo que leí el pasado 21 de enero me puso  a pensar.  Ese día se compartió nuestro artículo que trataba sobre edominio digital básico en adultos mayores.  Fuimos prudentes al afirmar  que era necesario “identificar lo que falta y a reconocer a los que faltan: esos aprendizajes pendientes y esos miedos silenciosos que llamamos fantasmas digitales”.   

En el artículo presentamos algunos ejemplos de aprendizajes necesarios, pero lo que apareció ese mismo día en un periódico dominicano hizo que el reto lanzado me pareciera algo flojo, quizás demasiado “conservador” o incluso “conservacionista”.  Reconozco que aquello representó para mí un verdadero dilema desorientador”.  Transcribo el texto:

Sue Jacquot, una mujer de 81 años se convirtió en gamer y celebridad en You Tube jugando Minecraft.  Su objetivo fue recaudar fondos para los tratamientos de quimioterapia de su nieto Jack.  Tras meses de práctica junto a otro nieto logró conectar con audiencias jóvenes y destacarse en plataformas dominadas por niños y adolescentes”. 

 (Diario Libre, p. 24, 21 de enero de 2026) 

Confieso que me turbó aún más porque, unos quince días antes, había pedido a mis nietos mellizos de once años que me mostraran qué hacían durante los largos ratos que pasan conectados a sus respectivas tabletas (iPad). Desde que comenzaron a explicarme, y al ver la destreza con que manejaban los controles y la rapidez del software, decidí que lo de “gamer” no era para mí.  Aun así, me quedé entusiasmado —sin decirles nada— con un juego de realidad virtual que había sido regalo de Navidad de sus padres para ambos.

Anoté en mi agenda lo de la realidad virtual, pero no quise ahondar. Era demasiado para una primera vez.

Pero entonces apareció la pregunta inevitable: si Sue lo hizo, ¿por qué yo no?

Me aturdí. Y sigo aún trabajando con mi dilema desorientador, que se amplió por las confesiones de los lectores y por lo que encontré en la web: que los adultos mayores gamers parecen tener mejor salud y vivir más. (Atractivo el reto, sin duda).

Las confesiones de los lectores.

Destaco algunos comentarios que se sumaron a mi desorientación:

  • “Ja, ja, ja. Acabo de viajar a Orlando y suerte que fui con mis hijos. Todo es ahora por internet 😳. A aprender de nuevo” (antiguo alumno).
  • “Me pasa cada vez que viajo. Me siento totalmente desprotegido. Si no me ayudan, no viajo” (amigo).
  • “Algo que no vi en el artículo es cómo miran los más jóvenes a los adultos mayores cuando lidiamos con la tecnología. A veces te miran como reprochándote no entender mejor” (amigo).
  • “Nos invitas a mirar nuevos horizontes tecnológicos y nos ayudas a asumir que somos inmigrantes digitales. Pasamos del teléfono de rueditas a atrevernos a aprender y a dejarnos enseñar por las nuevas generaciones, que en mi experiencia lo hacen con cariño y respeto. De eso se trata la vida: vivir cada época sin sustos ni aspavientos, y cada presente con bello asombro” (antiguo alumno y colega).

Sin dudas, una variedad de reacciones, a veces opuestas. Todas llegaron la misma mañana en que yo, todavía impresionado por lo que hizo Sue a sus 81 años y por la poderosa motivación que impulsó su aprendizaje, me sentía francamente confundido.

Muchas lecciones aprendidas en medio día. Una más se ratifica que el primero que aprende soy yo y que no hay que generalizar las experiencias y las soluciones que cada uno construye. 

Sugerencias para el aprendizaje transformador

Eso me llevó a pedirle a GPT que, utilizando los cinco aspectos con los que habíamos presentado el dilema desorientador del E-ticket de Migración, propusiera un esquema similar, pero aplicado ahora al dilema que representó la experiencia de Sue Jacquot.

  1. Dilema desorientador: Tomar conciencia de mis límites y creencias frente a lo digital

La lectura sobre Sue Jacquot, una mujer de 81 años que aprende a jugar Minecraft y se convierte en creadora de contenido en YouTube, confronta directamente mis propias creencias sobre la edad y el mundo digital. Su experiencia cuestiona la idea de que ciertos aprendizajes “ya no son para mí” y pone en evidencia límites que no siempre son reales, sino aprendidos.

  1. Autoexamen crítico: Reconocer emociones, actitudes y experiencias previas

Ante esta historia surgen emociones encontradas: sorpresa, admiración, incluso cierta incomodidad. Me lleva a revisar mis actitudes frente a la tecnología, mis experiencias previas de dificultad o resistencia, y las veces que he evitado aprender algo nuevo por considerarlo complejo, innecesario o “fuera de mi etapa de vida”.

  1. Evaluación crítica de supuestos: Cuestionar creencias arraigadas sobre la tecnología y la edad

El caso de Sue obliga a cuestionar supuestos profundamente arraigados: que aprender tecnología avanzada es exclusivo de jóvenes, que el mundo digital no es un espacio para adultos mayores o que los videojuegos carecen de valor educativo o social. Su proceso demuestra que la motivación, el sentido y el acompañamiento pesan más que la edad cronológica.

  1. Exploración de nuevas posibilidades: Aprender, practicar y apoyarse en otros.

La experiencia de Sue muestra que aprender en el mundo digital es posible cuando se combina práctica constante, apoyo intergeneracional y un propósito claro. Aprender junto a su nieto transforma el proceso en una experiencia compartida, donde el error no paraliza, sino que se convierte en parte natural del aprendizaje.

  1. Reintegración con una nueva perspectiva: Usar la tecnología como parte de la vida

Desde esta nueva perspectiva, la tecnología deja de verse como una amenaza o una barrera y se integra como un recurso cotidiano para comunicarse, crear, apoyar causas significativas y mantenerse activo intelectualmente. El aprendizaje digital se resignifica como una oportunidad para seguir participando plenamente en la vida social, sin importar la edad.

Sin embargo, aunque el planteamiento resultaba retante, no me agradó del todo. Me pareció que la invitación implícita era  convertirnos todos en Sue, en gamers y en sujetos plenamente digitales, cuando quizá haya otras cosas más importantes que atender.

Sentí que faltaba un complemento que nos ayudara a reaccionar de forma más realista y estratégica: la inteligencia exitosa.

Indagando en la inteligencia exitosa.

La inteligencia exitosa es uno de los aportes más interesantes de Robert Sternberg, exprofesor de Yale, quien visitó la República Dominicana como invitado del evento Aprendo, organizado por EDUCA. Tuve el placer de conocerlo y conversar con él sobre su obra.

Sternberg plantea que la inteligencia exitosa es la capacidad de una persona para establecer y alcanzar objetivos significativos en la vida, adaptándose o seleccionando entornos de acuerdo con su contexto cultural y sus fortalezas. Dicho de otra manera:
yo elijo el campo en el que voy a pelear y elijo las batallas que me resultan útiles y que tengo alta probabilidad de ganar.

Para Sternberg no se trata de aprenderlo todo, sino de usar la inteligencia para lograr metas con sentido, combinando tres capacidades:

  • Analítica (evaluar)
  • Creativa (imaginar alternativas)
  • Práctica (decidir qué conviene hacer y qué no)

Aplicando la inteligencia exitosa al dilema de Sue

Desde la inteligencia analítica, la pregunta no es:
¿Podría yo aprender Minecraft o YouTube? Sino:
¿qué aprendizajes digitales me ofrecen mayor probabilidad de éxito, con el menor costo de tiempo y frustración?

Aquí reconozco mis fortalezas previas e identifico aprendizajes digitales que las potencien, en lugar de competir con ellas. Distingo entre lo posible, lo conveniente y lo estratégicamente valioso. Aparece así un límite inteligente: no todo aprendizaje vale la inversión.

Desde la inteligencia creativa, redefino lo digital a mi favor. No se trata de ir detrás del último invento, sino de decidir qué cuenta, para mí, como aprendizaje digital relevante. Por ejemplo:

  • No aprender a editar videos, sino usar herramientas simples para difundir ideas escritas.
  • No dominar plataformas, sino apoyarme en mediadores humanos o tecnológicos para lo técnico.
  • No estar en todas las redes, sino elegir uno o dos espacios donde mi voz tenga impacto real.

Finalmente, desde la inteligencia práctica, elijo batallas que puedo ganar. Esta dimensión responde a una pregunta clave:
¿qué me conviene aprender directamente y qué debo delegar, simplificar o descartar?

Aplicado al caso de los adultos mayores, esto implica aprender herramientas que faciliten escribir, leer, comunicarse y reflexionar; lo suficiente para no depender totalmente de otros, pero sin aspirar a una experticia técnica innecesaria. Y, al mismo tiempo, evitar aprendizajes con curvas largas, alto costo cognitivo y bajo retorno personal o social. La decisión de no aprender algo no es un déficit: es competencia estratégica.

Lo que nos falta por ahora

Si releemos el caso de Sue desde Sternberg, el resultado es distinto. Elegimos aprendizajes donde la probabilidad de éxito es alta, el impacto mayor y el esfuerzo proporcional al beneficio.  Eso es inteligencia exitosa en acción.

No se trata de aprender más tecnología, sino de aprender mejor, con criterio, sentido y estrategia. La inteligencia exitosa no nos exige conquistar todo el mundo digital, sino identificar aquellos aprendizajes donde nuestras capacidades tienen mayor posibilidad de florecer.

Para preguntarnos todos: ¿Cuáles aprendizajes digitales, en esta etapa de mi vida, merecen realmente mi tiempo y mi esfuerzo, y cuáles puedo —sin culpa— dejar pasar, confiando en que elegir bien también es una forma de aprender? Las respuestas las da cada uno.  

(Les recomiendo consultar “Inteligencia emocional e inteligencia exitosa” https://www.researchgate.net/publication/315690465_Inteligencia_emocional_e_inteligencia_exitosa_Algunas_ideas_para_la_practica)

Miguel J. Escala
Miguel J. Escala
Miguel J. Escala Es educador desde 1969. Estudió Psicología y Educación Superior.

4 COMENTARIOS

  1. El texto interpela, me deja una inquietud de fondo: ¿aprendemos para ampliar nuestro ser o para acomodarnos a nuevas tendencias? Cuando lo excepcional se convierte en modelo, la autenticidad corre el riesgo de diluirse. No todo lo posible merece ser aprendido. A veces, la verdadera transformación consiste en elegir con lucidez y permanecer fiel a lo que uno es.

  2. Hay elemento que puede estar determinando también en este tema, aunque quizás expresado con diferentes términos. Es el que uno “jaraganea”. En mi caso soy un asiduo usuario de la comunicación digital y todo lo que es tecnología, sin embargo, tiendo a no querer detenerme a memorizar y conocer las “profundidades” de la tecnología de la comunicación, quizás porque los hijos y nietos están cercanos y cuando los necesito están al alcance.

  3. En nuestro caso particular, a pesar de que hacemos esfuerzos la brecha se expande y cada día es un nuevo reto interactuar en el mundo digital.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_img
spot_img

Las más leídas

spot_img

Articulos relacionados