Por Federico Pinales
Es necesario y urgente, que, si queremos conservar nuestros dientes, seamos un poco más cuidadosos y prudentes, al referirnos a los presidentes. Sin importar que sean corruptos, dictadores, cínicos, perversos, criminales, convictos y condenados como vulgares delincuentes.
Algunos son tan poderosos que trascienden continentes y a la gente le controlan hasta las mentes.
Y cuando sienten que algunos “impertinentes” les están contaminando el ambiente, antes de romperles los dientes, les envían consejeros inteligentes, con perfumes y aguardientes, para calmarlos y alinearlos.
Si esta receta no funciona ni amedrenta a los susodichos, a los familiares que preparen los nichos, porque los próximos pasos serán fumigarlos como “bichos”.
En este caso le llamamos bichos a todos los seres invertebrados, comúnmente conocidos como insectos, a quienes todos los poderosos se sienten con el derecho de eliminar sin ningún remordimiento, a menos que estos no les sean útiles, como depredadores, contra sus semejantes. Como ocurre dentro de algunas plantaciones agrícolas, para economizarse enormes recursos en la compra y aplicación de algunos pesticidas.
Como muchos lectores, familiares y amigos cercanos me han advertido que puedo estar en la lista de los “impertinentes” próximos a quedar sin dientes, por aguerridos e irreverentes frente a ciertos presidentes, debo lubricar mejor las espinas, para evitar aparecer tieso en cualquier esquina, supuestamente por una sobredosis de medicina.
Mi agradecimiento total y absoluto, a quienes, en forma personal, de frente y de manera sincera, me han mostrado su preocupación, por mi nivel de confrontación, con el mundo de la corrupción, la manipulación, el chantaje, la explotación, el saqueo, la evasión, el genocidio, la impunidad y cualquier modalidad de complicidad con la maldad y la injusticia.
Le prometo a mi gente, que moderaré el lenguaje contra los presidentes, “socios” de traficantes, criminales y delincuentes, que con sus apoyos se pasean libremente entre la gente decente, exhibiendo atropelladamente, las pruebas de sus actos delincuenciales, protegidos por autoridades.
Por lo menos cinco de los preocupados por mí, son de esas personas que hablan poco y dicen mucho.
Para ellos, hembras y varones, mi profundo agradecimiento. Y si algún día el destino decide que alguien me cobre con la vida, mi atrevimiento de decirles las verdades a quienes se lo han merecido, no me despidan con llantos.
Háganlo en las formas que se lo he pedido, siempre y cuando no signifique un sacrificio físico ni espiritual.
Me harán sumamente feliz, aún 7 pies bajo la tierra.





