Por Emiliano Reyes Espejo
La corrupción no es un flagelo más. Es el más grande de los retos que enfrentan los partidos y el liderazgo político nacional. Se trata de un desafío tener que enfrentar un monstruo que engulle una parte importante de la economía y que representa el azote de los sectores más empobrecidos del país.
Informes recientes estiman que la corrupción causa pérdidas millonarias cada año, equivalente al 0.8% del Producto Interno Bruto (PIB). “Fondos que deberían destinarse a vivienda, salud o educación se pierden en gastos no prioritarios o en el bolsillo de algunos”, explican.
“La corrupción en República Dominicana causa enormes daños económicos al desviar fondos públicos de servicios esenciales (salud, educación, infraestructura) hacia el enriquecimiento privado, aumentar costos, distorsionar la competencia y la inversión”. Detallan que esta práctica contribuye, asimismo, a “erosionar la confianza, representando pérdidas significativas del PIB, como un 0.8% anual o gastos innecesarios en duplicidad de instituciones y nóminas infladas, impactando directamente en la pobreza y desigualdad social”.
No nos engañemos, el mal de la corrupción no es local, tiene carácter mundial. Pero resulta que este siniestro en un país pobre como el nuestro. Se trata de un flagelo global que afecta a cientos de países del mundo, incluyendo a grandes potencias económicas, como Estados Unidos, China, Rusia, Brasil y países europeos.
Desde el 2020 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha venido señalando que la corrupción ya registra niveles de “pandemia” en América Latina y el Caribe. Parece desbordada y sin freno. Cada día brota en los medios locales y las páginas de Internet un nuevo escándalo de corrupción en un país de la región.
Nosotros no nos escapamos del aquelarre. El más reciente ha sido el caso del Servicio Nacional de Salud (SENASA). Este hecho destapado en esta institución de servicios del Estado ha venido a revelar, una vez más, la participación explícita de empresarios en la realización de estos hechos deleznables.
En lo referente a la situación del país, la Cámara de Cuentas ha advertido que el fenómeno de la “corrupción es un obstáculo principal para el crecimiento económico, reduce la competitividad y puede ahuyentar la inversión extranjera”.
Igualmente, otros sectores han alertado que la corrupción exacerba la pobreza y la desigualdad, en razón de que los recursos que se desvían con esta práctica dañina “afectan directamente a los más vulnerables, aumentando la brecha social”. Explican que esta descomposición causa erosión en la confianza, lo cual, a su vez, debilita la democracia y la confianza en las instituciones y la clase política.
La organización Participación Ciudadana ha señalado también que la corrupción tiene un impacto moral e institucional, afectando “la autoestima nacional y la imagen internacional del país”.
Los sectores y entidades que se enfocan en estos temas, entre los que está la Cámara de Cuentas, afirman que la corrupción en República Dominicana “no solo implica pérdidas financieras directas, sino que compromete el desarrollo sostenible, la equidad social y la credibilidad del Estado, siendo un lastre significativa para la nación”.
A nivel regional este mal es patético, se ha erigido como un drama latente que frena el desarrollo de los países de América Latina y el Caribe. En el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional (TI) se destacan naciones como Venezuela, Haití, Nicaragua, Honduras y Guatemala, entre otros. Se advierte en este Índice que persisten los desafíos en toda la región, “incluyendo corrupción en partidos políticos y flujos financieros ilícitos en países como México, Brasil, Argentina y República Dominicana”.
Un blog brasileño que lucha contra la corrupción, advierte que este mal, además, “disuade la inversión extranjera, ya que las empresas son reacias a operar en entornos en los que predominan las prácticas opacas y los tratos poco éticos”.
“La corrupción afecta de manera desproporcionada a las poblaciones vulnerables, ya que distorsiona el acceso a los servicios básicos y a las oportunidades, perpetuando los ciclos de pobreza y desigualdad”, afirma.
Los partidos políticos
El hecho de que se mencionara los partidos políticos dominicanos entre los de la región en los que persisten los desafíos de la corrupción, tiene que ser motivo de preocupación, ya que las estructuras partidarias son las bases del desarrollo socioeconómico de las naciones y si están corrompidas eso se reflejará en toda la sociedad.
¿Están conscientes nuestros líderes políticos de esta realidad lacerante? ¿Qué están haciendo para superar esta situación?
Los escándalos que han ocurrido en los últimos años por la incidencia en las estructuras partidarias de personeros ligados a las mafias de las bancas de apuestas y el narcotráfico, llegando a prácticamente controlar el Congreso de la República, en el caso de la República Dominicana, debe ser motivo de reflexión porque si no, cabría preguntarse ¿en qué manos está el pandero? ¿Hacia dónde nos llevan estos vientos?
Hemos venido escuchando sobre corrupción y narcotráfico en el Estado desde los gobiernos del fenecido presidente Joaquín Balaguer (recordemos aquella emblemática expresión: “la corrupción se para en la puerta de mi despacho”). Lo mismo ha ocurrido en los gobiernos de Hipólito Mejía, Leonel Fernández, Danilo Medina y en el actual del presidente Luis Abinader.
Eso debe preocupar a todos los dominicanos conscientes. Nos enfrentamos a un nubarrón falaz que no solo nos arropa, sino que nos hace cada vez más vulnerables de frente a intereses internacionales que podrán con mucha facilidad aprovecharse de nuestra debilidad para controlar nuestro Estado y esquilmar nuestras riquezas.
De frente a esta realidad, consideramos que los partidos políticos tienen que abocarse a realizar introspecciones internas, cavilar en torno a esta situación para desde sus órganos de base crear las condiciones que eviten la corrupción, no solo en sus estructuras de dirección, sino además, en la formación de sus cuadros que serán mañana quienes desde el Estado, si asumen el poder, dirigirán los destinos de la nación.
Sugerencias
Específicamente, sugerimos a los partidos políticos (PRM, PLD, Fuerza del Pueblo, PRD, PRSC, etc.:
1) Poner en sus agendas como tema de debate interno de su dirigencia y militancia el problema de la corrupción, con miras a crear conciencia sobre lo dañino que es el flagelo para el país.
2) Formar unidades o comisiones de cuadros especializadas en incentivar y promover entre sus militantes y dirigencias una cultura preventiva anti-corrupción.
3) Integrar unidades de vigilancia para prevenir la penetración de personas ligadas a la práctica del narcotráfico, a los juegos de azar, trata de blanca, contrabandista de ilegales para dar la voz de alerta a sus dirigentes y recomendar medidas al respecto.
4) Promover y realizar a lo interno de los partidos y en la población, programas masivos de conferencias, charlas, talleres y cursos que tengan como tema esencial la prevención de la corrupción en los partidos políticos y en la administración del Estado.
5) Propiciar una oleada de becas o entrenamientos en universidades para que sus estudiantes realicen de manera gratuita, conjuntamente con sus carreras, diplomados, cursos, talleres y conferencias sobre ética en la administración pública, prevención de la corrupción y sobre los males que causan a la sociedad prácticas malignas como el narcotráfico y los juegos ilegales.
Con estas iniciativas, según nuestro humilde parecer, los partidos políticos comenzarán a deshacer la imagen que le imputa la mayor responsabilidad, junto a sectores del empresariado, en los males socioeconómicos que afectan al pueblo dominicano.
Y si todavía tienen dudas al respecto, le dejamos esta cita:
“Según el Banco Mundial, se calcula que cada año se pagan 1 billón de dólares en sobornos, una cifra que pone de relieve la asombrosa magnitud de este problema”.
*El autor es periodista.




