El mundo entero debe rechazar los discursos de dobles raseros.
Esos que pronuncian los modernos cuatreros, para justificar sin consecuencias penales, sus vandalismos internacionales.
¿Qué nación del mundo, por grande y poderosa que sea, se atrevería a iniciar semejante cacería, contra los integrantes de la imponente dinastía, que inventa una nueva historia cada día, para violar ciudadanías, cometer abominables tropelías, eliminando gente y secuestrando presidentes, bajo fabricadas acusaciones de delincuentes?
¿Cómo se le puede creer a un descarado fulano, que habla de “democracia, dictadura, libertad y derechos humanos”, mientras con poderosas armas en las manos, sin ningún pudor se pasa esas reglas y principios por lo bajo?
Todos los “terrorismos”, los de abajo hacia arriba y los de arriba hacia abajo, tienen los mismos refajos. Ambos van de las manos, violentando la paz y los más elementales derechos humanos.
En este caso se criminaliza y se persigue a sangre y fuego, al terrorismo surgido para combatir la injusticia, la prepotencia y el ego; mientras se santifica y se justifica el terrorismo de Estado, sin reparar que están cometiendo los mismos pecados.
La historia reciente y la no tan reciente
nos enseña que la mayoría de los dictadores y “terroristas” perseguidos por la gran nación, campeona de la industria de la invasión, fueron entrenados y usados para la aplicación de un criminal terrorismo de Estado, nunca denunciado ni judicializado, por los paladines de la “democracia”, la “libertad” y los “derechos humanos”.
Ese es el doble rasero y la falta de seriedad, que debe rechazar y condenar la humanidad.





